¿Éxito o fracaso? Analizamos las criptomonedas tras 14 años

bitcoin, ether, ripple

Introducción

A finales de 2008 fue publicado el whitepaper con el que se daba a conocer Bitcoin, considerada la primera criptomoneda. Fue anunciada como la nueva “moneda del pueblo”, por la ausencia de una autoridad central. El objetivo era realizar transacciones de forma rápida, fácil y barata gracias a la tecnología blockchain. A día de hoy, aún existe un gran debate sobre si se ha convertido en éxito o fracaso.

Después de esta criptomoneda han llegado muchas otras. Algunas con objetivos similares, y otras que pretendían servir como medios de acceso a ciertos bienes o servicios. Incluso han aparecido tokens cuya finalidad era la fidelización de clientes mediante ofertas exclusivas dentro de la red. Ahora que han pasado 14 años desde su aparición, analizamos las criptomonedas para preguntarnos hasta dónde han llegado: ¿Se han cumplido los objetivos?¿Qué futuro les espera a las criptomonedas?

Factores de análisis

No cabe duda de la ventaja que supone el carácter nativamente digital de las criptomonedas frente al dinero fiat. Además, gracias a su desarrollo en blockchain, se podría prescindir de una entidad central, dejándola en manos de los usuarios. Sin embargo, son muchas las criptomonedas que han adaptado su implementación a necesidades y objetivos más específicos.

De esta forma, no podríamos comparar Bitcoin con las CBDC. Estas últimas están emitidas y controladas por instituciones financieras públicas, y los casos de uso no son comparables. La tecnología subyacente, aunque pueda ser similar, tendrá diferencias importantes en términos de privacidad y control. Por ello, analizaremos únicamente la evolución que han tenido las criptomonedas clásicas. Tanto su desarrollo inicial como su potencial futuro se puede evaluar en base a los siguientes factores:

Seguridad

Bitcoin, así como otras criptomonedas, justifican la seguridad de sus proyectos en base a la fortaleza de los protocolos de consenso que utilizan. En este sentido, tanto la Prueba de Participación como la Prueba de Trabajo se han mostrado como protocolos altamente eficaces. No ha habido, hasta el momento, ataques de doble gasto o similares con un impacto significativo. De hecho, la mayoría de los robos de criptomonedas que se han producido se deben a errores en el código fuente, no por errores propios de los protocolos.

Sin embargo, no es tanto este tipo de seguridad la que preocupa de cara al futuro. En realidad, la principal fuente de preocupación son los robos en las plataformas de intercambio de criptomonedas. Estos robos suponen ataques directos a la confianza de los inversores finales y una gran pérdida de dinero. Adicionalmente, las vulnerabilidades existentes en la programación hacen que la seguridad sea todavía uno de los puntos de mejoría de cara al futuro.

Hay múltiples ejemplos de estos robos de criptomonedas, y aunque no siempre suponen una pérdida definitiva, ponen en jaque la confianza del sistema. Además, habría que tener en cuenta la debilidad de las cuentas, por estar únicamente soportadas por la clave del usuario. Esta clave supone el punto único de acceso a los fondos y, en caso de perderse, es como si perdiéramos todo el dinero. En el sistema tradicional, esto no ocurre gracias a diversos mecanismos de protección, amparados en el apoyo de las instituciones.

Escalabilidad

La capacidad de las redes DLT de escalar ha sido también una de las principales preocupaciones desde la concepción de las criptomonedas. Esto afecta directamente a cómo se gestionan las transacciones cuando aumenta la actividad o el número de usuarios. Por ello, resulta clave cuando hablamos de activos con una base de millones de personas en todo el mundo.

En este sentido, se han observado grandes avances. Entre ellos encontramos el desarrollo de “Canales de Pago” o la implementación del “Sharding”. Estos sistemas están diseñados para buscar distintas maneras de facilitar la gestión de transacciones de la red. Algunos ejemplos de estos avances los vemos en Ethereum o en la propia Bitcoin, con «Lightning Network«.

trilema de escalabilidad

Si bien son grandes innovaciones que han mejorado claramente la capacidad de tratamiento de transacciones, aún no es suficiente. Existe una gran diferencia con los sistemas de pago tradicionales, lo cual pone en serias dudas su potencial como medio de pago global en el futuro. Estos sistemas necesitan ser escalables y poder procesar un elevado número de transacciones por segundo.

Además, debido a su configuración, la escalabilidad solo se puede mejorar a costa de renunciar a otros factores. Tanto la descentralización como la seguridad de la red son elementos igualmente imprescindibles. Esta dificultad para configurar los tres elementos pone en una encrucijada a la comunidad de desarrolladores. De hecho, la forma de resolver dicha encrucijada es la principal fuente de diferencias entre la mayoría de criptomonedas. Este conflicto es conocido como el Trilema de Escalabilidad y fue descrito inicialmente por Vitalik Buterin, fundador de Ethereum.

Aceptación

Posiblemente este sea uno de los puntos en los que mayor avance ha experimentado el conjunto de las criptomonedas. Estos activos, poco aceptados en su inicio sobre todo por los reguladores, han ido ganando popularidad progresivamente. Como prueba de ello, el número de compañías y países que los aceptan no ha dejado de crecer.

La máxima representación de esta aceptación la representa El Salvador. Se trata del primer país en reconocer a Bitcoin como medio oficial de pago, al que siguió unos meses después la República Centroafricana. En el lado contrario, encontramos algunas autoridades como China o Turquía, que han tratado de prohibir estos activos. La idea es mantener las criptomonedas fuera del sistema económico, pero lo cierto es que el acceso es prácticamente universal.

éxito o fracaso

Sin embargo, no hay que olvidar que las criptomonedas como Bitcoin no se crearon para ser instrumentos de inversión. Su meta era servir como medio universal de pago, algo que sólo han conseguido en casos muy aislados. En el sector privado, hay muchísimas empresas que aceptan criptomonedas como divisa, pero su uso es muy limitado. Casi todas las transacciones que se producen son con fines especulativos, y no como medio de intercambio. Esto implica que su alto nivel de aceptación es debido sobre todo a su revalorización como instrumento financiero.

Revalorización

Como instrumento financiero sujeto a la valoración por parte del mercado, no hay duda de que han sido un éxito. Desde su aparición, han crecido en número de instrumentos, en capitalización total y en número de operaciones diarias. De la misma forma, ha crecido su base inversora (tanto minorista como institucional), así como el número de plataformas en las que se pueden negociar.

Además, el hecho de que cada vez haya un mayor número de inversores institucionales ha permitido una profesionalización de la inversión. Esto se traduce en un mayor número de productos con los que invertir en criptomonedas. Aquí podríamos hablar de ETFs, opciones, etc., que son productos más complejos y que requieren una madurez mayor del mercado. Por ello, independientemente de cuál vaya a ser su evolución futura, sí que podemos hablar de un mercado establecido y mucho más desarrollado que el de hace 5 o 10 años.

Regulación

Este es otro de los aspectos en los que aún existe amplio margen de crecimiento por parte de las criptomonedas. Hasta ahora, la mayoría de las autoridades en el mundo han optado por una actitud cautelosa ante el crecimiento de la popularidad de estos activos, limitándose a advertir sobre los efectos de su elevada volatilidad y los riesgos asumidos por los inversores. Igualmente, la regulación relativa a blanqueo de capitales, o las obligaciones tributarias con estos activos, eran bastante limitadas.

Además, hay que tener en cuenta que el crecimiento de la industria y del mercado requiere un crecimiento proporcional de la regulación. Ahora que vemos la relación de las criptomonedas con el metaverso, queda clara la necesidad de crear un marco legal apropiado.

En este sentido, la inclusión de las criptomonedas en las regulaciones de instrumentos financieros de todo el mundo contribuirá sin duda al desarrollo de un mercado más potente y maduro. Esto no quiere decir que se tengan que prohibir (que es una forma de regularlas), sino que es necesario que estén contempladas en el reglamento. Cada país determinará lo que crea conveniente, pero el hecho de que estén reguladas ya aportará al inversor las «reglas del juego».

Con esto, es probable además que los casos de estafas disminuyan, reduciéndose el número de «chiringuitos financieros» que se apoyan en la falta de normativa. De la misma manera, las operaciones de blanqueo de capitales también se verán afectadas, lo que es positivo para cualquier país.

Regulaciones en curso

En los últimos años, hemos observado un cambio de tendencia gradual, con la aparición de diversas regulaciones en Europa. Aquí podemos encontrar la regulación de Mercados de Criptoactivos (llamada MiCA por sus siglas en inglés). También se ha desarrollado un programa piloto a nivel europeo para servicios en tecnología DLT (“DLT Pilot Regime”). Esto probablemente conllevará más cambios en el futuro, pero son necesarios para la tranquilidad del regulador y la confianza de los inversores.

MiCA EU

También hay que tener en cuenta que buena parte de los Bancos Centrales del mundo están trabajando en desarrollar sus propias monedas digitales (CBDC). Aunque estas no son criptomonedas puras, sí pueden contribuir a la definición que se haga de estos activos. Sin embargo, muchos países se están encontrando con una dificultad inesperada, como es la falta de personal cualificado. Al tratarse de un tipo de activo tan reciente, hay pocos profesionales con un nivel de conocimiento suficiente. Esto dificulta la preparación del marco legal, más aún cuando hablamos de un activo tan cambiante como son las criptomonedas. Aquí podéis encontrar un pequeño resumen de cómo se está abordando la regulación en el mundo.

¿Éxito o fracaso?

Con todo lo anterior, parece que las criptomonedas no han logrado hasta el momento su objetivo. No se utilizan apenas como medios de pago y solo están reconocidas oficialmente por El Salvador y la República Centro Africana. Estos países no tienen un nivel de desarrollo económico suficiente para medir el impacto, pero no deja de ser significativo. Desde las instituciones internacionales siguen mandando alertas sobre los peligros de estas medidas, lo que desincentiva a otros países. Además, el uso de las criptomonedas se sigue limitando, en su gran mayoría, a inversión financiera.

Los principales desafíos técnicos de las criptomonedas, como la escalabilidad o la seguridad, siguen sin haberse resuelto. En este sentido, se han producido grandes avances, pero son insuficientes para equipararse al sistema tradicional de pagos. Sin embargo, es cierto que la interacción de estos activos con otras tecnologías como el metaverso sí puede suponer un impulso importante. Cuanto mayor sea el valor añadido de las criptomonedas para la sociedad en su conjunto, más probable será que se asienten definitivamente.

En términos de regulación sí que es previsible un avance muy significativo. La creación de CBDCs, aunque pueden suponer competencia directa para las criptomonedas, ayudará en este sentido. Es por ello que no parece probable que las criptomonedas se impongan en el medio plazo como medio de pago en ningún sistema financiero, aunque mantendrán o incluso mejorarán sus condiciones como instrumento de inversión.

Conclusión

No podemos hablar de éxito en cuanto a cumplimiento de objetivos. Sin embargo, las criptomonedas se han desarrollado lo suficiente como para tener un impacto relevante. Tienen cabida en múltiples industrias, y se han diversificado lo suficiente como para aspirar a múltiples casos de uso. Esto, unido a su tecnología de registros distribuidos (DLT por sus siglas en inglés), las convierten en un activo importante.

Por ello, es previsible que en unos años crezca su evolución y aceptación, y terminen de asentarse en el sistema financiero. Es posible que no se puedan considerar un éxito al 100%, pero desde luego no podemos hablar de fracaso.

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